
Entonces, ¿vale la pena entregar estos premios? ¿Cuál es el sentido si todos se los van a llevar casi seguramente?
En el momento en que todos reciben el premio, la gaviota deja de convertirse en algo extraordinario y se convierte en algo ordinario.
Y ahí hay una fuerte crítica a los animadores. Durante las jornadas Lagos y Tomicic han prácticamente incitado al público a entregar los premios. A veces cuando hay unos pocos pedidos o entregándolos todos de una. Debieran revisar esa parte de su labor como animadores del evento.
De esta edición solo 2 shows debieran haberse llevado la gaviota de plata: el humor de Stefan Kramer y lo de Franco de Vita, quien pudo haberse quedado más horas cantando.
En el Festival debiera restringirse esta entrega ilimitada. Primero partiendo por los conductores, al señalarles cuánta efervescencia debe generarse en el público para la entrega de un galardón. Y luego estableciendo que no se puedan entregar seguidas. Que tenga que pasar un mínimo de tiempo para que no sea todo por una sola canción.
Es complejo legislar en torno a este tema. La medición siempre va a ser ambigua, de hecho recuerdo que en años anteriores hubo un “aplausómetro” para dictaminar el premio o la famosa frase del Puma Rodríguez.